El Experto que No se Aplicaba el Método
Sobre el blind spot bias, las fijaciones cognitivas del facilitador y por qué los que más saben sobre un problema son los últimos en verlo en sí mismos. Tres fijaciones reales encontradas en el proceso de reconstrucción de InnMentor.
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InnMentor
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10 min de lectura
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2026

Hay una pregunta que me hicieron hace años en un taller con ejecutivos de UTE, y que nunca terminé de responder bien.
La hizo un gerente de operaciones, con esa mezcla de genuina curiosidad y provocación velada que tienen los buenos ingenieros cuando se sientan en un taller de innovación y todavía no están seguros de si vale su tiempo.
«Daniel,» dijo, «vos nos enseñás a ver las fijaciones cognitivas de las organizaciones. ¿Cuáles son las tuyas?»
Le respondí algo inteligente. Algo que probablemente sonó bien en ese momento y que en retrospectiva era exactamente el tipo de respuesta que da alguien que sabe hablar de sus fijaciones pero no las ha revisado de verdad.
El robo de mayo me forzó a revisarlas.
Si no leíste el primer artículo de esta saga, el contexto en dos líneas: me robaron las computadoras, encontré 25 años de metodología en un disco externo, y me vi obligado a hacer ingeniería de reversa de mi propia empresa. Lo que ese proceso reveló sobre mí mismo es de lo que trata este artículo.
La ilusión del experto
Existe un fenómeno que los psicólogos llaman blind spot bias: la tendencia a reconocer los sesgos cognitivos en los demás con mucha más facilidad que en uno mismo.
No es hipocresía. Es arquitectura del cerebro.
Cuando mirás hacia afuera —a un equipo directivo atrapado en sus propias rutinas, a una empresa que repite el mismo error trimestre tras trimestre— la distancia te da perspectiva. Ves el patrón porque no sos parte de él. Podés nombrarlo con precisión clínica.
Cuando mirás hacia adentro, el problema es que estás dentro. El patrón que deberías ver es el mismo que genera tu mirada. Es como intentar ver el ojo con el ojo.
Los facilitadores de innovación tienen una versión particular de este problema, y yo no soy la excepción.
Pasé años enseñando que el conocimiento tácito es el activo más valioso y más frágil de una organización. Que cuando vive solo en la cabeza de las personas —sin estructura, sin documentación, sin mecanismos de transferencia— es un activo en riesgo permanente. Que la Amnesia Corporativa no llega de golpe: se instala lentamente, invisiblemente, en cada proceso que nunca se escribió, en cada decisión que se tomó «porque siempre fue así», en cada persona clave que un día se va y se lleva consigo diez años de saber acumulado.
Lo enseñaba con convicción. Tenía casos reales. Tenía datos. Tenía el Bucle QWERTY para ilustrarlo.
Y mientras tanto, todo el conocimiento de InnMentor vivía en mi cabeza, en carpetas con nombres que solo yo entendía, en una arquitectura digital que dependía de que mis máquinas siguieran funcionando.
El problema con los diagnósticos que no duelen
Hay una diferencia enorme entre entender un problema y haberlo sufrido.
Cuando diagnostico Amnesia Corporativa en una organización, lo que veo es el patrón abstracto: el nodo de fuga en el Bucle QWERTY, el momento donde el conocimiento se evapora porque la persona que lo tenía ya no está. Es análisis. Es útil. Es real.
Pero no es lo mismo que pararte a las dos de la mañana frente a una computadora de 2019, esperando que abra un archivo que tal vez contiene el único respaldo de 25 años de trabajo, sin saber todavía si el disco externo sobrevivió el trauma del robo.
Eso no es análisis. Eso es visceral.
Y hay algo que aprendo diferente cuando algo duele: aprendo por qué importa, no solo qué importa. La diferencia no es semántica. Cuando solo entendés qué importa, podés enseñarlo. Cuando entendés por qué importa desde adentro, podés transmitirlo de una forma que aterriza distinto. Con otra densidad. Con menos palabras y más peso.
Lo que cambió después del robo no fue mi conocimiento del problema. Fue mi relación con él.
Tres fijaciones que encontré en mi propio sistema
Voy a hacer lo que debería haber hecho en ese taller con UTE hace años: responder de verdad la pregunta del gerente de operaciones.
Fijación 1: Creer que el conocimiento tácito es un problema de los grandes.
Durante años, apliqué el framework de Conocimiento Tácito Atrapado a organizaciones medianas y grandes. Tenía razón en que el problema es más visible ahí —porque tiene más consecuencias, más personas afectadas, más presupuesto en riesgo.
Pero me convencí, sin nunca decirlo explícitamente, de que las empresas chicas —y especialmente las unipersonales— estaban fuera de ese riesgo. Después de todo, si el conocimiento vive en una sola persona, no puede «perderse entre personas», ¿verdad?
Equivocado. Lo que no consideré es que el riesgo no es solo la transferencia horizontal —de persona a persona— sino la transferencia vertical: de hoy a mañana. El conocimiento tácito de una empresa unipersonal tampoco es inmune a la disrupción. Solo que cuando se rompe, no hay equipo que absorba el golpe.
Yo era una empresa unipersonal con el riesgo concentrado al máximo y, sistemáticamente, lo había ignorado.
Fijación 2: Confundir la ejecución fluida con la resiliencia del sistema.
Hay un tipo de fragilidad que es imposible de ver mientras las cosas funcionan.
InnMentor funcionaba. Los clientes llegaban. Los talleres salían bien. Los pagos entraban. El sistema ejecutaba.
Lo que no veía —porque no necesitaba verlo— es que el sistema era fluido pero frágil. Dependía de condiciones que yo daba por sentadas: que mis máquinas funcionaran, que mi salud se mantuviera, que pudiera seguir siendo el único repositorio de todo.
Eso no es resiliencia. Es eficiencia en condiciones óptimas. Son cosas distintas, y la diferencia solo se ve cuando las condiciones dejan de ser óptimas.
Fijación 3: El presente como prueba del futuro.
Esta es quizás la más profunda y la más difícil de ver desde adentro.
Cuando algo ha funcionado durante mucho tiempo, el cerebro tiende a extrapolar: si funcionó hasta aquí, seguirá funcionando. No es irracionalidad. Es un atajo cognitivo que generalmente sirve. El problema es que sirve hasta que no sirve, y en ese punto ya es tarde.
Los geólogos tienen un nombre para esto cuando lo aplican a estructuras físicas: el período de retorno. La probabilidad de que ocurra un evento disruptivo no desaparece porque no haya ocurrido recientemente. En algunos casos, aumenta.
La fijación es creer que la ausencia de ruptura es evidencia de solidez estructural. No lo es. Es evidencia de que todavía no llegó el evento que va a revelar las grietas.
El robo fue mi evento.
Por qué los expertos son los más difíciles de ayudar
Hay algo que aprendí después de años facilitando procesos con equipos directivos: los CEO más difíciles no son los que no saben. Son los que saben demasiado bien.
El que no sabe tiene apertura. El que sabe bien tiene, además del conocimiento, la carga de su propia autoridad. Cambiar de posición implica no solo actualizar una creencia, sino gestionar la incomodidad de haber sostenido otra durante mucho tiempo frente a otros.
Eso aplica perfecto a los expertos en sus propias áreas.
Un consultor financiero puede tener inversiones mal estructuradas. Un nutricionista puede tener una relación difícil con la comida. Un terapeuta puede evitar exactamente el tipo de trabajo que le recomienda a sus pacientes.
Y un estratega de sistemas complejos puede tener el sistema más frágil de todos, escondido en la comodidad de que todo, aparentemente, funciona.
Lo que me protegió durante años de ver mis propias fijaciones fue exactamente lo que me hace útil para los demás: el conocimiento suficiente para racionalizar por qué mi situación era diferente.
«Yo no soy una corporación. El riesgo es distinto.»
«Cuando tenga tiempo, lo estructuro.»
«Mientras funcione, no vale la pena el costo de documentar.»
Ninguna de esas tres frases es ridícula. Las tres tienen lógica interna. Y las tres son el tipo de argumento que el cerebro genera cuando quiere evitar el trabajo que sabe, en algún nivel, que tiene que hacer.
Lo que el SuMBook hace que la voluntad sola no puede
Aquí quiero ser preciso, porque creo que hay algo importante que generalmente se pierde en las conversaciones sobre gestión del conocimiento.
El problema de la Amnesia Corporativa —y de mis propias fijaciones— no se resuelve con más disciplina o más voluntad. Se resuelve con estructura.
La diferencia entre un equipo que pierde su conocimiento cuando rota personal y uno que lo preserva no es que el segundo sea más diligente. Es que el segundo tiene un sistema que hace que documentar sea el camino de menor resistencia, no una tarea adicional que hay que recordar hacer.
Esto es lo que entendí al construir el 00_n_CONTEXTO: no lo mantuve porque soy disciplinado. Lo mantuve porque la regla de oro del sistema —cada versión es más rica que la anterior, nunca se borra— elimina la decisión de si documentar o no. La decisión ya fue tomada. El sistema solo pide que agregues.
El Aprendizaje de Éxitos, la metodología que co-creé con el Prof. Yona Rosenfeld, funciona exactamente así. No depende de que los equipos quieran compartir conocimiento. Depende de que el proceso esté diseñado de forma que compartir sea más natural que no hacerlo.
El cliente que cambia las reglas del juego
Hay algo que sucede cuando un facilitador experimenta en carne propia el problema que facilita en otros.
La conversación cambia.
No en el contenido —el framework es el mismo, los nodos del Bucle QWERTY no se reordenan porque yo haya pasado por algo— sino en la textura. En el peso de las palabras. En la capacidad de estar en el silencio incómodo sin necesitar llenarlo con más análisis.
Cuando le pregunto a un CEO «¿qué pasa si mañana falta la persona que lleva este proceso?», ya no lo pregunto solo como diagnóstico clínico. Lo pregunto desde un lugar que conoce cómo se siente cuando la respuesta a esa pregunta es un silencio que dura demasiado.
Eso no me hace mejor facilitador en el sentido técnico. Me hace diferente. Más incómodo, quizás, para algunos. Más resonante, espero, para quienes están en el momento donde el análisis ya no alcanza y lo que necesitan es alguien que haya estado adentro del problema.
La lección que se me quedó más grabada
Si el primer artículo fue sobre el robo y lo que reveló, este es sobre lo que el proceso de reconstrucción dejó ver sobre mí mismo.
Hay un tercero que cierra la saga —sobre lo que aprendí del proceso de trabajar con IA en modo intensivo, y las condiciones bajo las cuales esa colaboración amplifica versus las condiciones en las que embota. Lo podés leer en La Herramienta que No Piensa por Vos.
Por ahora, la lección que se me quedó más grabada de estos dos meses es esta:
Yo daba por sentado demasiado.
El robo me hizo el favor de obligarme a preguntar: ¿qué pasa si esto desaparece?
Y la respuesta —las semanas de trabajo que siguieron para reconstruir y estructurar lo que casi se pierde— fue la mejor capacitación que me he dado a mí mismo en 25 años de oficio.
Esta es la saga Desde el Barro — artículo 2 de 3. Volvé al primero: El Robo que Reconstruyó InnMentor → · Seguí con el tercero: La Herramienta que No Piensa por Vos →
Pensamiento para líderes, fundadores y equipos que aprenden.
El primer corte es de bajo riesgo, pero sin anestesia.
01 — Workshop
Workshop de Alta Intensidad
Fijaciones cognitivas en la mesa directiva. Dos jornadas y las desmantelamos.
02 — Programa
Programa In-House de Innovación Sistemática
Innovación Sistemática instalada en tu organización. El equipo destrabará solo.
03 — Mentoría
Mentoría de Tracción Estratégica
Inercia corporativa en la cúpula. Sesiones de alta densidad para romperla.
04 — Emergencia
Intervención de Emergencia Metodológica
Parálisis corporativa. Entramos y destrabamos en 72 horas.
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